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Un electricista venezolano en Bogotá lleva dos números. El colombiano le consigue trabajo, le paga el alquiler desde una billetera móvil y recibe los códigos de su banco. El venezolano es como lo localiza su madre y como sigue verificada la cuenta familiar en Caracas. Lleva seis años así: ni cliente de roaming, ni abonado doméstico. La eSIM de viaje no se diseñó para él y el MVNO local tampoco. Hay casi siete millones de venezolanos en esa situación en América Latina, y unos 25 millones de personas viviendo igual en África.

La plataforma estaba lista en el mes cuatro. El OMV (Operador Móvil Virtual) entró en funcionamiento en el mes once. Los siete meses intermedios se dedicaron casi por completo a integraciones: específicamente, a un adaptador de portabilidad numérica que no pasó las pruebas de certificación dos veces, y a una interfaz de aprovisionamiento HLR/HSS con el operador de red móvil (ORM) anfitrión que requirió tres rondas de alineación técnica porque el ORM había actualizado su red central entre la firma de la especificación y la ventana de pruebas.

Un banco minorista europeo decidió lanzar una propuesta móvil para sus clientes de cuenta corriente. Quería control: sobre los datos de los suscriptores, sobre la lógica de precios y sobre la capacidad de conectar el uso móvil con el historial de transacciones. Por eso eligió un modelo de MVNO completo y contrató a un proveedor de plataforma BSS en consecuencia. El proyecto tardó 34 meses desde la decisión comercial hasta el lanzamiento del servicio. Para entonces, dos competidores fintech ya habían lanzado sus propias propuestas móviles, habían atraído en conjunto a 600.000 suscriptores y estaban combinando banca y móvil de formas que el banco había planeado originalmente como su propio factor diferencial.

Un MVNO de tamaño medio alcanzó los 400.000 suscriptores prepago y ocurrió algo inesperado: el margen por suscriptor empezó a caer, a pesar de haber renegociado recientemente una mejor tarifa mayorista con el operador anfitrión. El director financiero no podía explicarlo. La tarifa mayorista había mejorado. El ARPU se mantenía estable. Pero la economía unitaria era peor.

América Latina (LATAM) y África están pasando de ser regiones de “MVNO experimentales” a convertirse en mercados de crecimiento estratégicamente relevantes para los operadores móviles virtuales y las plataformas MVNE que los habilitan. Para los ejecutivos del sector telecomunicaciones, este cambio transforma la pregunta central de “¿Es viable un MVNO aquí?” a “¿Qué tan rápido podemos entrar y sobre qué base digital?”.


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